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27 de noviembre de 2018 | Locales

Historias de Feliciano: La Cruz del Milagro de Francisco López

Una investigación del profesor Andrés Gastaldi.

 

Don Demetrio Medina, más conocido en la zona como “Pacho Franco” es el «protector de la cruz».  Trabaja de puestero desde hace más de 30 años  en la vieja estancia El Guaraní,  ubicada en el distrito Chañar del departamento Feliciano.  El paisano es delgado, no muy alto, de piel muy cobriza y ojos rasgados, siempre vestido de gaucho, como casi todos los hombres de su edad y de la zona, luciendo orgullosamente las pilchas gauchas, su tonada era acercándose profundamente al correntino, En su alocución relata que alrededor del año 1899, su abuelo, Senón Franco, en los avatares de aquellos tiempos y de la política, tuvo ciertos altercados con partidarios Autonomistas en la provincia de Corrientes, ya que él sostenía la ideología Liberal. Esta disputa en la vecina provincia se estaba cobrando muchas vidas y este mozo, aparentemente, no era ajeno al conflicto, ya que, cuenta don Pacho, en las efervescencias de la juventud  se trenzó varias veces a cuchillo o a tiro por discusiones políticas con mozos defensores del autonomismo.

El relato sigue y acude a un hecho puntual que fue una “Salvada milagrosa” en las palabras del relator. Cierto día, no sabe precisar por qué motivo, su abuelo fue perseguido por una partida de Autonomistas en los campos correntinos, más precisamente en el paraje Cañaditas, del otro lado del Guayquiraró. Esta partida logra ver que el perseguido se refugia en un pequeño rancherío del monte en donde vivía parte de la familia del que corría por su vida, al interrogar a varios vecinos, nadie había visto al mismo, es por esto que Senón decide meterse en una pequeña pieza, precisamente debajo de un catre, en donde urgido y aterrorizado recuerda que los Liberales tenían un santo protector que se llamaba Francisco López, a quien acude en sus suplicas por salvar su pellejo y promete en su oración que si le salvaba la vida se iba a retirar de la lucha política y le iba a construir una cruz en su honor y hasta el día de su muerte iba a rezarle en agradecimiento eterno por el milagro.

 

La partida persecutoria empieza a revolver y no deja rincón sin revisar del rancherío pasando una y mil veces por al lado del viejo catre y no logran dar con él hasta que desisten de la búsqueda pensando que se escabulló por los montes y bañados y burló su persecución. Luego del hecho milagroso Senón cumple la palabra empeñada con su protector, desde ese momento abandona las luchas políticas y construye un monolito con sus propias manos y en él una cruz de hierro forjado y adornado al estilo de los cementerios, la pinta de celeste, el color de la divisa Liberal, le coloca en el centro un pequeño corazón de lata, tallado también, que lleva la inscripción “QEPD Francisco Lopes (con letra “s” al final) Fusilado el año 1947”, y alrededor de esta construye un bendito, una especie de refugio de palo a pique, adobe y techo de paja para resguardar la cruz.

 

La Cruz del Milagro de Francisco López

Antecedentes Históricos

Derrota de López Jordán-Batalla de Ñaembé (1871)

Al indagar en lo profundo de nuestra historia entrerriana hay hechos importantes que merecen tenerse en cuenta para dar una mirada más acertada a los acontecimientos históricos que marcaron ciertos aspectos de la vida cotidiana de nuestra población.

Nuestro departamento, San José de Feliciano, contiene, dentro de su acerbo popular, ciertos rasgos de carácter mítico o místico, que fueron dados a partir de su simbiosis poblacional, recordando que éste movimiento se dio en forma espontánea y que hay, dentro de nuestro territorio, una riquísima tradición que es necesaria observar y analizar radicalmente ya que lo que naturalizamos como cotidiano tiene sus profundas raíces en los primeros pobladores y sus costumbres.

Uno de los hechos que se deben tener en cuenta a la hora de analizar lo que, en fin, será el desenlace del relato, corresponde a la derrota militar, no política, de Ricardo López Jordán y de la bandera del federalismo en el Litoral, la misma se da en una encarnizada batalla cercana al arroyo Ñaembé, cercano a lo que hoy es el departamento de Goya en la provincia de Corrientes.

Las tropas del gobernador correntino Unitario, el teniente coronel Santiago Baibiene, y el ejército nacional, al mando del entonces teniente coronel Julio Argentino Roca repelieron y enfrentaron a López Jordán y lograron derrotarlo. Concluyó la batalla en la total derrota de las fuerzas entrerrianas, marcando el fin de la insurrección de López Jordán contra el gobierno nacional, del que juzgaba que había violentado la autonomía provincial garantizada por el federalismo de la Constitución Argentina de 1853.

El historiador Unitario y mitrista Manuel Florencio Mantilla, en su libro “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” relata: “…La batalla fue librada el 26 de Enero de 1871 por la mañana. Trabados los primeros combates de guerrillas, el enemigo fluctuó para embestir, entonces Baibiene se lanzó temerariamente a la ofensiva con tanto ímpetu y felicidad de sus batallones y regimientos milicianos, que el Ejército invasor quedó destruido en menos de dos horas, con pérdida total de su infantería y artillería…”

La revolución Jordanista es desintegrada y su líder marcha al exilio en el Uruguay. Esto da inicio a un desmembramiento importante del partido Federal que queda fragmentado, más precisamente en la provincia de Corrientes, en donde los que apoyaron a López Jordán, unos 2.000 hombres al mando del comandante Evaristo López, quedaron a la deriva, teniendo que desbandar y viendo que su último líder y sostenedor de la última lanza Federal en el Litoral marchaba al exilio al Uruguay.

Este desmembramiento implica una larga persecución de los partidarios del federalismo. La posterior persecución y degüello del Chacho Peñaloza en La Rioja fue la última gran barbarie cometida por el Unitarismo, lo que vino luego fue también barbárico, la referencia es a la venganza hasta dar muerte a los caudillos, últimos gauchos alzados y seguidores de éstos. Como nuestra historia es cíclica y tiende siempre a repetirse, todo el tiempo las fuerzas centralistas, conservadoras, eurocéntricas, en nuestros días de derecha, arrasan con todo a su paso transformándose en fuerzas represivas y constituyendo gobiernos dictatoriales, una realidad que se traslada hacia nuestros días pero es un análisis más somero el que requiere este tema.

El principio de la investigación es el final de una parte de nuestra guerra civil que viene a traer ideas liberales y un poco de modernización pero, a su vez, largas brechas sociales, insalvables hasta nuestros tiempos, marginación de las clases populares, atraso en la organización nacional, corrupción, resabios de un capitalismo foráneo terriblemente avasallante, favorecedor de un régimen cuasi feudal, como se conoce siempre, el conservadurismo y las derechas, en este caso representado por el partido Unitario, atrasaron a nuestro país y lo moldearon a su antojo, a su imagen y semejanza. Por todo esto, la cultura argentina ha sufrido el desmembramiento de sus raíces a manos de “La Historia Oficial” escrita por uno de los triunfadores, Bartolomé Mitre e implantada con sangre por otro de los triunfadores, Domingo Faustino Sarmiento. Este relato le sacó a nuestro pueblo su raíz de pueblo originario, de afro, de mestizo, de gaucho, haciéndole creer que, aunque tenga la piel oscura, hasta el más humilde ha “bajado de un barco” (metáfora usada para la descendencia de inmigrante europeo),  y así seguimos transitando nuestros días sin un revisionismo que logre instalar en nuestras aulas y en nuestras sociedad el verdadero “Ser Nacional”.

Poblamiento-Multiculturalidad-Rasgos Geoculturales.

En el folclore litoraleño hay una gama de saberes que vienen heredados de muchas razas que poblaron el territorio, la música tocada por el guaraní para sus ceremonias, que luego se fue fusionando con los instrumentos europeos y con la enseñanza de los monjes jesuitas, las comidas que fueron perfeccionándose con una mezcla de lo nativo y los venido del viejo continente, también con influjos fuertes del Afro en sus composiciones, bailes y tonalidades y, por supuesto, las creencias. En este sentido me detengo para terminar en la síntesis de la investigación. La toponimia de nuestro Litoral tiene un legado claramente indígena, al igual que la gran mayoría de las provincias argentinas, esto se debe al riquísimo aporte que han brindado a nuestros espacios los idiomas precolombinos, en nuestro caso el guaraní o el guarán. Este idioma era un dialecto muy hablado por la gente en los pueblos, trazando una línea imaginaria, que encierran al norte entrerriano, el departamento San José de Feliciano, parte del norte del departamento La Paz, el norte del departamento Federación y parte del norte, más precisamente la que encerraba la gran espesura de la selva montienera, del departamento Federal.  Hago esta salvedad para que se trate de entender la gran influencia de la cultura guaranítica en nuestra región. Mediante la incorporación del hombre más viejo del mundo conocido, negro de origen Afro, la cultura litoraleña se fue nutriendo cada vez más. El negro, traído al territorio para su empleo como esclavo en tiempos coloniales, heredado a los criollos terratenientes y estancieros para cumplir el mismo rol y luego liberado parcialmente, por lo menos en los papeles de la Asamblea del año XIII mediante la ley de Libertad de Vientres, teniendo que esperar desde 1813 hasta 1853 para que la primera constitución de por abolida la esclavitud en el territorio, todo esto dibujado desde “La Historia Oficial” escrita desde la mirada Unitaria, porque si vamos a nuestra historia mediante un revisionismo nos podemos encontrar con hechos borrados de esta historia porteña. El 29 de Junio del año 1815 José Gervasio Artigas en el Congreso de Oriente celebrado en Arroyo de la China, actual ciudad de Concepción del Uruguay, dejo establecido el territorio de la Liga de Los Pueblos Libres, declarando la libertad de todo dominio extranjero, así nos lo relata el profesor Ramón Enrique Cieri: En el litoral comenzaba a consolidarse la figura y el pensamiento de José Gervasio Artigas, quién desde la Banda Oriental se transformó en el continuador de las ideas revolucionarias de Mariano Moreno y, por sobre todas las cosas, en un “verdadero caudillo de masas”, encabezando la rebelión y liderando un frente social de peones, gauchos, aborígenes, negros e incluso hacendados del litoral de las Provincias Unidas de América del Sur, que luchaban contra el absolutismo portugués, la ambición británica y el centralismo porteño.

El Segundo Triunvirato, en su objetivo organizativo fundacional, convocó a la Asamblea General Constituyente de 1813, acontecimiento que agudizó el enfrentamiento entre Buenos Aires y el interior, y donde los diputados orientales artiguistas que llevaban el mandato de la proclamación de la independencia, la sanción de una Constitución y la organización republicana y federal del Estado, fueron rechazados y sus principales objetivos postergados.

La Asamblea definió, entre otras cosas, crear el Directorio y junto con esta nueva organización política, nació la provincia de Entre Ríos y, Concepción del Uruguay, en 1814, se convirtió en la Capital. La reciente provincia del litoral, creada por el gobierno central vuelve a ser entonces protagonista, no solo por su condición de capital, sino porque sus dirigentes tomaron partido por la causa federal contra el Directorio que lideraba el Protector de la Liga de los Pueblos Libres, el Gral. José Gervasio Artigas.

Es Artigas el conductor que organiza en la Villa del Arroyo de la China el Congreso de los Pueblos Libres, el 29 de junio de 1815, y congrega, a los diputados Pedro Aldao y Pascual Diez de Andino, provenientes de las provincias de Santa Fe, Juan Francisco Cabral, Ángel Mariano Vedoya, Serapio Rodríguez, Juan B. Fernández y Sebastián Almirón por Corrientes, Andrés Yacabú por Misiones, el doctor José Antonio Cabrera, el doctor José Roque Savia, José Isasa y el presbítero doctor Miguel del Corro por Córdoba, el doctor José Simón García de Cossio (representante del «continente de Entre Ríos»), y Justo Hereñú (por la villa de Nogoyá) por Entre Ríos y Francisco Martínez, Pedro Bauzá y otros por la Banda Oriental, para tratar la organización política de los Pueblos Libres, el comercio interprovincial y con el extranjero, el papel de las comunidades indígenas en la economía de la confederación, la política agraria y la posibilidad de extender la confederación al resto del ex virreinato.

Si bien las actas del Congreso se han perdido, por cartas posteriores de Artigas se refleja que tuvo entre sus resoluciones:

  • Proclamar la Independencia (no solo de España sino de todo poder extranjero, atento a la situación de la vuelta de Fernando VII al poder, y a los continuos avances de los portugueses en la Banda Oriental)
  • Adoptar como identificación la bandera tricolor (azul-celeste y blanca con una franja diagonal roja) como emblema del pensamiento republicano, democrático federal.
  • Designar una Comisión, compuesta por Miguel Barreiro, José Antonio Cabrera, José Simón García de Cossio y Pascual Diez de Andino para viajar a Buenos Aires y, con el objetivo de consolidar la paz y unidad territorial, reconocer la independencia declarada en el Congreso y lograr la organización republicana y federal.

Los representantes artiguistas no lograron su cometido ante las autoridades del Directorio porteño y no solo no obtuvieron respuestas favorables a sus justas peticiones, sino que fueron confinados a permanecer detenidos, hasta mediados de agosto de 1815, en Buenos Aires, pasando la mayor parte del tiempo en la fragata Neptuno, al mando del comandante Guillermo Brown.

La relación entre el Directorio y la Liga de los Pueblos Libres ingresaba así en una situación política irreconciliable y se agudizaba el escenario interno y externo en nuestro territorio.

Buenos Aires convocó la reunión de un Congreso en Tucumán, Entre Ríos no respondió a la convocatoria, como tampoco lo hicieron Santa Fe, Corrientes y la Banda Oriental. «Es que esos estados – afirma Aníbal S. Vásquez – habían adoptado más que un gesto huraño, una actitud de franca y violenta rebeldía contra todo lo que proviniera de Buenos Aires. Ellos no podían apearse de su postura intransigente, porque estaban convencidos de que en Tucumán se iba a levantar un trono para un monarca o se iba a fabricar un sistema unitario que estrangularía a los pueblos de campaña. No es que fueran enemigos de la independencia ni de la constitución, sino que proclamaban y sostenían conceptos adversos…”        

La proclama de Artigas de “Naide es más que naide” fue la bandera del federalismo y de la inclusión de los excluidos de siempre. Esto hablaba de su vida entre el gauchaje y las tribus de “indios rebeldes” también. El mismo líder era gaucho entre los gauchos y era indio entre los indios.

La misma libertad que expresó el artiguismo fue la soñada más adelante, aunque nunca cumplida, por los habitantes de nuestro Litoral, los habitantes que vinieron a estas tierras en busca de este tesoro tan anhelado por los esclavos de origen afro.

Toda esta simbiosis de la cosmovisión indígena, afro, mestiza, criolla, europea, se fue mezclando para dar origen a creencias, supersticiones, mitos, curanderismo y un mundo de expresiones culturales que persiste hasta la actualidad en los rincones de nuestros pueblos litoraleños.

Constantemente debemos recurrir a la ubicación geográfica para plantarnos en el terreno y poder debelar algunos interrogantes. En un vuelo imaginario, como ya nombramos antes, la toponimia litoraleña se entrecruza con nombres de regiones, parajes, departamentos, accidentes geográficos e infinidad de lugares de denominación y raíz etimológica indígena, en particular guaranítica, ya que fue el idioma hablado por toda la región, comenzando desde arriba en la antigua provincia paraguaya, llamada “La gobernación del Guayrá”, bajando por las Misiones Jesuíticas, Las Misiones Orientales o Misiones del río Uruguay que constituyen una región histórica que actualmente abarcan el oeste del estado de Río Grande del Sur, al sur del Brasil. El territorio misionero al éste del río Uruguay abarcaba una extensión mayor en zonas actualmente correspondientes al estado de Río Grande del Sur, parte de Santa Catarina, parte de Paraná y de la República Oriental del Uruguay. Llegando al norte de la provincia de Entre Ríos, el departamento San José de Feliciano se encontró, durante un período que va, aproximadamente, desde 1638 hasta 1767, cuando se da la expulsión, los Jesuitas tuvieron intervención en la zona que hoy ocupa el departamento San José de Feliciano. Primeramente se menciona que esta parte de la provincia fue adquirida, mediante una donación, por el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe, la misma fue efectuada por una heredera de Feliciano Rodríguez, Lucía Rodríguez, este hecho es relatado por el profesor Miguel Ángel Fernández en su libro “San José de Feliciano, Un Pago con Historia” “Lucía Rodríguez, donó al colegio de la compañía, “en mitad” la estancia y la acción de ganado obtenida a partir por el amparo presentado por los herederos de Feliciano Rodríguez ante el gobernador Mendo de Cueva…   continúa dándonos información extraída de historiadores como Pérez colman y Leoncio Gianello, diciendo que “La ocupación de los campos en territorio entrerriano fue realizada por la compañía en forma paulatina…hacían primero una gira catequística y reconocían el territorio, luego peones y capataces, generalmente indios tapes, una vez que se conocía el territorio traían las misiones grandes rodeos de hacienda, se establecían estancias, por último se levantaban capillas y oratorios…”  otra parte importante del relato del profesor Fernández nos da la punta del ovillo para llegar a las conclusiones acertadas del tema: “Las enormes extensiones de campo y las acciones de vaqueo administradas por Santa Fe comenzaron a sufrir competencia cuando en 1676 se fundó la Reducción de Nuestra Señora de los Santos Ángeles  de Yapeyú sobre el Río Uruguay, al sudeste de la Provincia de Corrientes. Desde allí la Compañía comenzó a extender sus estancias hacia el sur, traspasando el río Mocoretá hasta llegar a las costas del arroyo Yeruá y a las nacientes del río Gualeguay. La Compañía de Jesús levantó estancias dedicadas a la cría e invernada de ganado vacuno, siendo los indios Guaraníes y a veces Charrúas los encargados del pastoreo, arreo y demás actividades asociadas a la ganadería…la influencia jesuítica de Yapeyú llegó hasta los departamentos San José de Feliciano, Federación y Concordia…Los intentos de fundar misiones en el territorio entrerriano para evangelizar a los indígenas, no tuvieron resultados en una población nómade, eminentemente cazadora-recolectora, y en muchos casos muy belicosa…”

Como se expresó anteriormente, la simbiosis cultural que tienen nuestros pueblos, mezcla de culturas indígenas, afro, criollos, mestizos, y en este último dato, de indios venidos de las reducciones jesuíticas, (cuando acudo a este dato estoy haciendo una salvedad porque es conveniente aclarar que luego de la expulsión de los Jesuitas del territorio a mano de la Corona española la gran mayoría de los peones de estancias y trabajadores que componían la compañía probablemente hayan afincado en los montes y hayan sido los que en su mayoría engrosaron los movimientos poblacionales del departamento San José de Feliciano) hacen de la cosmovisión una multiculturalidad muy rica. Esta mezcla cultural trae como herencia las formas de ser de una comunidad, dentro de esas formas se puede destacar el carácter religioso que se empieza a relacionar muy fuertemente con la superstición, el curanderismo, las festividades y lo tomado como “Pagano”, interpretado por un credo determinado que establece como “Lo permitido o lo no permitido”, discusión muy extensa si la hay, pero que enriquece mucho más y da soltura a manifestar lo que se está tratando de expresar, la multiplicidad de creencias en esta parte de la provincia, que es muy particular y muy diferente al resto de Entre Ríos con sus colonias de inmigrantes europeos venidos a fines del siglo XIX y principios de siglo XX.

La Revolución Jordanista  

En este punto tal vez algún lector preguntará ¿Qué tiene que ver este conflicto histórico con nuestro relato? Es mucho lo que hay en común en esta maraña de hechos y la idea es ir desgajando.

Cuando Justo José de Urquiza, por orden de Juan Manuel de Rosas sofocó una rebelión, en contra de los intereses porteños, en el año 1841, en la vecina provincia de Corrientes, lo hizo de manera brutal y sanguinaria, esto se tradujo en la Batalla de Pago Largo, del otro lado del arroyo Basualdo, a pocos kilómetros de nuestro departamento. Esto le valió a Urquiza un gran odio y un gran resentimiento de la población correntina, mas enérgicamente de los partidarios Unitarios, que fueron derrotados, pero también de algunas facciones federales que veían un poder supremo que no defendía los intereses provinciales sino que se plegaba a la supremacía porteña. En estos momentos ya empezaban los resquemores de los litoraleños para con la figura del antiguo jefe Federal y ese caudillismo que lo llevo a tener tanta popularidad por su acérrima oposición a los intereses centralistas. Va a terminar definitivamente la relación pueblo-caudillo con la aceptación de Urquiza a los petitorios de Mitre para plagarse, más adelante, a la infame guerra de la Triple Alianza, agregado a esto, los dirigentes y partidarios federales ven también con gran decepción la traición y la esquiva reacción a seguir la lucha federal que tiene el líder en los petitorios de auxilio de Ángel Vicente Peñaloza (El Chacho) y Felipe Varela, teniendo como consecuencia el levantamiento que produce su muerte y la llamada Revolución Jordanista.

Aquí aparece como protagonista Ricardo López Jordán. Luego de la Batalla de Pavón, Urquiza acuerda con Bartolomé Mitre que se le permitiría al primero mantener el poder en su provincia, sin intromisiones; pero a cambio abandonaba a la Confederación a su suerte. Esto empieza a despertar la furia de López Jordán. Durante los años siguientes, López Jordán presenció desde su provincia cómo los federales del oeste de la Argentina y de Corrientes eran destrozados sin que el jefe del partido federal (Urquiza) interviniera. Vio también cómo una invasión apoyada por Buenos Aires y el Brasil derrocaba al presidente legal del Uruguay y la flota brasileña destruía su ciudad natal de Paysandú. Urquiza no intervino. La última reacción del general que se levantaría en contra del jefe federal fue ante el petitorio de éste último, Urquiza llamó al pueblo entrerriano a la guerra contra el Paraguay, López Jordán lo acompañó, pero luego le respondió: «Usted nos llama para combatir al Paraguay. Nunca, general, ese pueblo es nuestro amigo. Llámenos para pelear a porteños y brasileños. Estamos prontos. Estos son nuestros enemigos.» Aquí se sellaría el destino trágico del caudillo entrerriano que protagonizó por tantos años la ferviente resistencia al unitarismo y a los salvajes intereses del centralismo porteño y que en sus últimas acciones políticas abandonó la bandera Federal y, movido por intereses personales, tal vez, opiniones encontradas, como en toda ciencia social, se plegó a los porteños para marchar a una campaña genocida.

Leonardo Castagnino en un informe en el que cita a Fermín Chávez y a su libro “Vida y Muerte de López Jordán” relata: “En mayo de 1849 el general Urquiza había llamado a colaborar en su gobierno a don Manuel Leiva, conocido unitario, ex redactor de los periódicos correntinos «La Revolución» y «El Pacificador». Es por esos días que Ferré le había dicho a Leiva: “Yo ya estoy presumiendo que don Justo José de Urquiza ha de ser el que le ha de poner las peras a cuarto a don Juan Manuel”.

Con toda seguridad que más de un jefe entrerriano habría mirado con extrañeza esa colaboración unitaria con Urquiza que se había iniciado a moción de éste.

Urquiza fue “comprado” por el Brasil para que traicionara a su Patria en ese 1852 —cosa que atestigua el mismo Sarmiento, quien escribe el 13.10.1852 a Urquiza desde Chile y le enrostra:

“Yo he permanecido dos meses en la corte de Brasil, en el comercio casi íntimo de los hombres de estado de aquella nación, y conozco todos los detalles, general, y los pactos y transacciones por los cuales entró S. E. en la liga contra Rosas. Todo esto, no conocido hoy del público, es ya del dominio de la Historia y está archivado en los ministerios de Relaciones Exteriores del Brasil y del Uruguay.” (…) “Se me caía la cara de vergüenza al oírle a aquel Enviado (Honorio Hermeto Carneiro Leão, o Indobregavel) referir la irritante escena, y los comentarios: «¡Sí, los millones con que hemos tenido que comprarlo para derrocar a Rosas! Todavía después de entrar a Buenos Aires quería que le diese los cien mil duros mensuales, mientras oscurecía el brillo de nuestras armas en Monte Caseros para atribuirse él solo los honores de la victoria.» (Domingo Faustino Sarmiento, Carta de Yungay, 13.10.1852)

Un escritor urquicista, Leandro Ruiz Moreno, deja escapar esta observación muy seria y comprometedora: “No puede negarse la sutileza de la política brasileña, digna heredera de la lusitana, en el desarrollo previo y posterior de acontecimientos relacionados con la historia de nuestro país, y en este caso, con la campaña contra el General Don Juan Manuel de Rosas” (Leandro Ruiz Moreno, Centenarios del Pronunciamiento de Monte Caseros, tomo I, Paraná, 1952). Urquiza, por unos patacones ofrecidos por Brasil y en busca de la gloria que la sombra grande de Rosas le impedía, se “pronuncia” contra Rosas en lo que desembocaría en la batalla de Caseros. Leal a su Jefe natural, el caudillo federal Urquiza, y sin mostrar cuestionamientos a su política, acompaña a este en su “pronunciamiento” contra Juan Manuel de Rosas, en que Urquiza, Jefe del ejército de vanguardia de la Confederación, se pasa al enemigo con todo el ejército en vísperas de la inminente guerra con el Brasil: “Vadeamos el Uruguay – recuerda López Jordán – siendo yo el primero con Francisco Caraballo, en pisar el territorio oriental; yo mandaba un escuadrón del Regimiento 1° de Mayo, entonces”.

Su lealtad a Urquiza lo llevó hasta Pavón (17 de septiembre de 1861), donde junto con Juan Saá derrotan a la caballería de Mitre y la persiguen hasta el Arroyo del Medio. Urquiza, vencedor de la batalla, se retira regalando la victoria a Mitre, que fugado, inesperadamente recibe la noticia de su propia “victoria”: ¡No dispare general, que hemos ganado!, dice el parte.

Bartolomé Mitre El 29 de septiembre de 1868 por boca del propio Mitre se devela el “misterio de pavón”, cuando en un banquete de la masonería, recordando la tenida del 21 de julio de 1860 (anterior a Pavón) dirá Mitre en su discurso: “Cuando nos alejamos de las puertas del templo, nuestras espadas salieron de la vaina para cruzarse en los campos de batalla, pero aún sobre esa desgracia y esa matanza, el genio invisible batió de nuevo sus alas…». Fue el mismo “genio invisible” que dirigió la matanza del gauchaje federal de las provincias y el mismo “genio invisible” que armó el genocidio del Paraguay.

Pese a las vagas “explicaciones” y excusas de don Justo, la defección de Urquiza en Pavón, que se retira definitivamente a su “Palacio de San José”, no es fácilmente digerida por muchos jefes federales, entre los que se encontraba el propio López Jordán. Urquiza ya había sido envuelto en la trama liberal del mitrismo y la masonería

Cuando Urquiza abandona la bandera Federal hay otros que siguen dando su sangre por la causa. El propio Chacho Peñaloza, quien pide, en un último “manotazo de ahogado”, en una carta a este primero, que no abandone la lucha Federal, Felipe Varela lo había hecho también. Cabe una reflexión. Así como Varela escribía desde el exilio a Chumbita para que le acerque las epístolas a Urquiza, no tan solo para alimentar a su famélica familia, sino también para que le diera la orden para tomar Buenos Aires. Varela murió mirando hacia el Este, esperando esa respuesta que nunca llegó del General Urquiza. La misma suerte corrió El Chacho. De toda esta traición, de todo este silencio de Urquiza como contracara dramática y muy triste, están las cuatro cartas que le enviara, en fechas distintas, El Chacho a Urquiza, pidiéndole que respete su voluntad y, con angustia y fervor, le pidió que encabezara nuevamente al federalismo argentino. Urquiza nunca le contestó y eso que las cartas quedaron en su archivo como vergonzoso testimonio de una traición, y así, marchó Peñaloza a su muerte, convencido todavía de que Urquiza seguía siendo su jefe indiscutido.

Autonomistas y Liberales en Corrientes

En Ñaembé queda una marca, casi irreversible de la derrota de la revolución jordanista. Asestando allí una herida grave para una de las últimas expresiones federales en suelo litoraleño. Lo que siguió a esta página de la historia fue el desmembramiento de los partidarios y simpatizantes del partido Federal que tuvieron que transformar su divisa, tal vez por la feroz persecución, tal vez por seguir manteniendo los mismos valores en otros ámbitos, con otros colores de divisas.

Entre 1873 y 1876 el caudillo López Jordán vuelve de su exilio y quiere restablecer con la última gota de sangre al federalismo en territorio litoraleño, no lo logra, por última vez tiene que marchar definitivamente al angustioso destierro, ya en esta ocasión con la muerte del partido Federal sobre sus hombros. En la provincia de Corrientes, en donde se da el escenario para la derrota del caudillo entrerriano las tendencias políticas empiezan a mutar y de a poco se va gestando un reacomodamiento y un cambio de nombres, en algunos casos también un cambio de ideas, por el “camuflaje” que sufren algunos partidarios, simpatizantes y dirigentes, obviamente, con el tiempo esto se tergiversa cada vez más y las facciones se mueven pendularmente hacia derechas e izquierdas o centros según el “postor”.   Los Federales “moderados” que quedan se unen al Autonomismo y siguen su antimitrismo desde el liderazgo de Sarmiento en todo el país. En 1876, junto con el derrocamiento de López Jordán y el entierro de la lucha federalista, Adolfo Alsina convierte definitivamente al Partido Federal en Partido Autonomista. Su acérrimo opositor de aquí en más fue el Partido Liberal, que fue una expresión un poco menos fundamentalista, pero con los mismos intereses, que el ya casi desmembrado partido Unitario que ganó la guerra civil y propuso una doctrina y una política que hasta nuestros días se traslada.

 

¿Quién fue Francisco López?

Cuando se hace alusión a nuestro norte entrerriano, más precisamente a los territorios cercanos y hermanados con la vecina provincia de Corrientes, es inevitable que se hable de la idiosincrasia de los pueblos. Es digno de ser estudiado más detenidamente al tema, pero como esto trata de ser un ensayo vamos a intentar ser un tanto menos extenso en el relato.

Nuestro pueblo se caracterizó, desde una mirada muy acertada, por su ferviente religiosidad y su devoción popular y por su entorno místico con todo lo que encierra esto, curanderismo, ritos religiosos mezclado con lo “pagano”, culturalmente estamos signados por este tipo de fenómenos a diario que vemos reflejado en la multiplicidad de expresiones de carácter mítico, por enumerar algunas o tal vez las más conocidas o de masividad en carácter de devoción, Lázaro Blanco, Ramoncito Muñoz, El Señor del Buen Camino, La cruz de francisco López.

Al ir adentrándonos en detalles, anteriormente hemos mencionado a la provincia de Corrientes como puntapié para entender todo lo que encierra nuestra cultura. Desde allí precisamente se puede partir para entender la cosmovisión de nuestro pueblo.

Los “Santos Milagreros” que transitaron nuestras tierras hace un tiempo, han dejado en la población de los estratos más humildes una fuerte impronta de devoción que se refleja en la cantidad de “Promeseros” que en cada conmemoración del hecho trágico que inauguró el mito concurren en masividad a pedir o a agradecer a la divinidad “pagana”. Lo particular de estos hechos es que, en la mayoría de los casos, las personas que acuden a sus favores divinos vienen de las clases sociales más bajas, coincidiendo aquí también con los “protegidos” o beneficiados por estos bandidos héroes, en su mayoría, no en todos los casos, fuera de la ley, en sus tiempos de correrías cuando, en una similitud con el héroe bandido Robin Hood, robaban al rico estanciero para darle al pobre “mencho” de campo o a la viuda desamparada (con la que en ciertos casos contrae un amor de paso). Estos gauchos, muy prontamente, lograban tener una popularidad muy grande, esto les daba la fama de mujeriegos, salteadores, borrachos, y todo tipo de malos calificativos entre los más pudientes de la sociedad del momento. Cierto caso es que aquí también hay una especie de lucha de clases, el rico difamando al pobre y el pobre respondiendo con violencia ante la difamación y ante el mal trato y la avaricia del estanciero o el terrateniente. El tema es que estos “Santos de los Pobres” eran también pobres, vivían entre ellos, actuaban como ellos e impartían la justicia de equilibrio social. Sus “Seguidores” cambian la imagen del santo establecido por una canonización eclesiástica por la imagen de su “protector” cercano, primero en vida como héroe y luego de la muerte, como santo.

Retomando lo planteado primeramente, las veneraciones populares nos llevan al otro lado del Guayquiraró, el río que separa al departamento San José de Feliciano de Corrientes, y dentro del acervo santoral de la zona es preciso enmarcar a nuestro “Milagrero” dentro de los famosos “Gauchillos Correntinos”, este mote, dado por los relatores de los sucesos, corresponde a una especie de “diminutivo cariñoso” que se le daba a quienes, para los difusores de la tradición oral, le dieron mucho a los pobres. El historiador Hugo Chumbita nos dice en su libro “Jinetes Rebeldes-Historia del Bandolerismo Social en la Argentina” al respecto:

“El santoral gauchesco tiene una inusitada exuberancia en la provincia de Corrientes, donde el término “gauchillo” se aplica usualmente al gaucho bravo o alzado. En la región aún se habla la lengua guaraní, y el sustrato cultural indígena pervive en las costumbres y creencias vulgares. Por otra parte, en la agitada historia local, el pueblo criollo participó en innumerables contiendas políticas, en las que los nuevos liderazgos de los caudillos rurales conmovieron menos que en otras provincias la dominación de la aristocracia tradicional.”

Dentro de esta categoría tenemos, por ejemplo, a un tal Antonio Mamerto Gil Núñez, mejor conocido como el Gauchito Gil, a Olegario Álvarez o “El Gaucho Lega” y su compañero de andanzas Aparicio Altamirano, Yacaré Coroi, el Paisano José, San Antonio María, Juan de la Cruz Quiroz, Miguel de Galarza o “Tuquiña”, entre otros.

Otro relato de Chumbita en el mismo libro nos lleva al nudo de la cuestión de nuestro personaje:

“Otro gaucho santificado es Francisco López, que vivió en la zona de Esquina, presuntamente a mediados del siglo XIX y cayó en desgracia por dar muerte a unos forajidos cuando iba en busca de auxilio para su mujer parturienta. Convertido en matrero, fue capturado por unos policías, maniatado contra un árbol y degollado. Cuentan que en ese mismo momento, su sangre produjo efectos maravillosos en las manos de sus victimarios, curándole a uno una parálisis y a otro un mal en los dedos, en aquel sitio se levantó su cruz, y en tributo a la filiación liberal de López los adornos y ofrendas ostentan el color celeste. La devoción por su ánima cura a los enfermos y asiste de varias maneras a quienes lo invocan…”

Aquí nos encontramos con un resumen de la vida y leyenda de Francisco López, una de las tantas veneraciones que encontramos en el santoral milagrero de nuestra región y que vino hasta nuestros pagos, y precisamente, en este punto vamos a detenernos para culminar nuestro ensayo, en el hecho por el cual aparece el mito en el paraje Chañar de nuestro departamento.

 

 

La Cruz, el Milagro y la devoción en Chañar y en Cañaditas

Una siesta muy calurosa, de las muchas que nos tiene acostumbrados esta parte de nuestro norte provincial, me fui con un conocido a verlo a don Demetrio Medina, más conocido en la zona como “Pacho Franco” (apodo y apellido devenido de su padre, quien en realidad no había dado su apellido a Demetrio y es por eso que lleva el apellido materno) a su lugar de trabajo, la vieja estancia El Guaraní,  ubicada en el distrito Chañar de nuestro departamento. Decidí empezar por el principio, por recomendaciones de un tío que conocía el mito de la cruz y quien más acercado al principio que el “protector” de la cruz. Estacionamos la vieja camioneta de mi tío en un sendero que hacía las veces de camino alternativo para cruzar del “camino del medio” al “camino de la costa” y desde allí tuvimos que caminar un par de kilómetros entre medio de los montes para llegar al puesto donde hacía, en esos momentos, casi 30 años, cumplía servicios de puestero con toda su familia el hombre. Cuando lo encontramos estaba descansando de su trajín y nos empezó a relatar el hecho con toda amabilidad. El paisano es delgado, no muy alto, de piel muy cobriza y ojos rasgados, siempre vestido de gaucho, como casi todos los hombres de su edad y de la zona, luciendo orgullosamente las pilchas gauchas, su tonada era acercándose profundamente al correntino, como suelen decir desde nuestro pueblo para abajo cuando nos escuchan hablar en algún lugar, tonada que de a poco se va hundiendo en el olvido por esto de la comunicación y el “Querer parecer” antes del “Querer ser y pertenecer”,  pero eso es otra historia más larga y profunda para relatar. En su alocución sigue relatando que alrededor del año 1899, su abuelo, Senón Franco, en los avatares de aquellos tiempos y de la política, tuvo ciertos altercados con partidarios Autonomistas en la provincia de Corrientes, ya que él sostenía la ideología Liberal. Esta disputa en la vecina provincia se estaba cobrando muchas vidas y este mozo, aparentemente, no era ajeno al conflicto, ya que, cuenta don Pacho, en las efervescencias de la juventud  se trenzó varias veces a cuchillo o a tiro por discusiones políticas con mozos defensores del autonomismo. Su abuelo Senón era de tendencia Liberal. El relato sigue y acude a un hecho puntual que fue una “Salvada milagrosa” en las palabras del relator. Cierto día, no sabe precisar por qué motivo, su abuelo fue perseguido por una partida de Autonomistas en los campos correntinos, más precisamente en el paraje Cañaditas, del otro lado del Guayquiraró. Esta partida logra ver que el perseguido se refugia en un pequeño rancherío del monte en donde vivía parte de la familia del que corría por su vida, al interrogar a varios vecinos nadie había visto al mismo, es por esto que Senón decide meterse en una pequeña pieza, precisamente debajo de un catre, en donde urgido y aterrorizado recuerda que los Liberales tenían un santo protector que se llamaba Francisco López, a quien acude en sus suplicas por salvar su pellejo y promete en su oración que si le salvaba la vida se iba a retirar de la lucha política y le iba a construir una cruz en su honor y hasta el día de su muerte iba a rezarle en agradecimiento eterno por el milagro. La partida persecutoria empieza a revolver y no deja rincón sin revisar del rancherío pasando una y mil veces por al lado del viejo catre y no logran dar con él hasta que desisten de la búsqueda pensando que se escabulló por los montes y bañados y burló su persecución. Luego del hecho milagroso Senón cumple la palabra empeñada con su protector, desde ese momento abandona las luchas políticas y construye un monolito con sus propias manos y en él una cruz de hierro forjado y adornado al estilo de los cementerios, la pinta de celeste, el color de la divisa Liberal, le coloca en el centro un pequeño corazón de lata, tallado también, que lleva la inscripción “QEPD Francisco Lopes (con letra “s” al final) Fusilado el año 1947”, y alrededor de esta construye un bendito, una especie de refugio de palo a pique, adobe y techo de paja para resguardar la cruz.

El milagro se propagó por los alrededores y cada vez llegaban al lugar más promeseros que pedían también milagros o agradecían al santo popular.

La construcción de la cruz, recuerda don Pacho, se dio un año más tarde aproximadamente, ya en 1900.

Luego de la muerte de Senón la heredad y la custodia de la cruz queda a cargo de Martín Franco, padre de don Pacho, quien por cuestiones laborales, en el año 1924 aproximadamente, emigra hacia el otro lado del Guayquiraró con su familia y en el lugar en el que construye su rancho, en el distrito Chañar, establece el nuevo santuario para la cruz, tal como su originaria estructura, copia esta nueva. Casi de inmediato comienzan a llegar promeseros de estos lados también, acudiendo a la cruz por la fama que había ya ganado en toda la región. De a poco se va llenando el bendito de velas, placas, banderas y cintas celestes recordando el color de la divisa de Francisco López y del constructor de la cruz.

Luego de la muerte de Martín es su hijo Pacho quien custodia celosamente la cruz y todos sus adornos. El hijo de Pacho, Elbio Medina le construyó a la cruz un asiento o mango de algarrobo, un pequeño tronco que talló con la inscripción de las iniciales F. L. 1889, año en que sucedió el primer milagro bajo la protección de la cruz.

Tiempo más tarde fuimos nuevamente a visitar a don Pacho al lugar del santuario y la cruz ya no estaba en su lugar originario, hoy descansa en un nuevo lugar, una habitación construida ya un poco más moderna, una pena, ya que no conserva esta tradición de ser protegida por el bendito que imitó su primer morada, pero esas son cuestiones y decisiones familiares.

Por ultimo nos cuenta el heredero y custodio de la devoción que en tiempos de sequía (como es habitual en nuestra zona, los fenómenos paganos y religiosos siempre se dan en estas condiciones) los pobladores de Cañaditas cruzan el Guayquiraró para pedir por agua y otras promesas, generalmente a caballo, solicitan el permiso pertinente para llevar la cruz en procesión hasta su lugar originario, centenares de peregrinos llegan al lugar, tocan chamamé con sus acordeones y guitarras, cantan y festejan y luego marchan de la misma manera para venerar la cruz del milagro. Esto se sigue realizando y es poco conocida la tradición entre los vecinos del departamento San José de Feliciano y sus alrededores.

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