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Sociedad

Francisco: “La cruz es la palabra con que Dios respondió al mal”

El papa Francisco afirmó durante su primera participación como sumo pontífice del Vía Crucis en Roma que "la cruz es la palabra con que Dios respondió al Mal del Mundo".

Durante su breve alocución al finalizar la recreación del Vía Crucis, Francisco además elogió el "signo de esperanza" que -para Medio Oriente y para el Mundo- significa la vida conjunta de cristianos y musulmanes en el Líbano.

"Esta noche, debe quedar una sola palabra que es la Cruz de Jesús, que es la palabra con que Dios ha respondido al mal del mundo; siempre se dice que Dios no responde al mal, que espera en silencio: Dios ha hablado, ha respondido con la cruz de Cristo, una palabra que es amor", destacó.

Al igual que su antecesor Benedicto XVI, Francisco siguió las 14 estaciones que conforman el Vía Crucis desde un estrado ubicado el Monte Palatino, una de las colinas que se eleva frente al Coliseo Romano.

Si bien el portavoz vaticano, Federico Lombardi, había dicho por la mañana que a Francisco "le gusta improvisar", finalmente en ese lugar histórico todo se realizó de acuerdo con lo previsto: el Papa sólo dio ese breve discurso e impartió la bendición a la multitud que se congregaba en la explanada.

Esos miles de fieles esperaron durante horas la llegada del sucesor de Pedro, que fue recibido por un estruendoso saludo y un mar de banderas de todas las nacionalidades.

Unos instantes más tarde, las ovaciones y los cánticos dejaron lugar al profundo silencio con que se acompañó cada una de las  reflexiones leídas para ilustrar cada una de las estaciones.

Esas meditaciones fueron redactadas "por jóvenes libaneses" y algunas de ellas buscan relacionar lo sucedido durante la pasión de Jesús con la actualidad.

De esta forma, se pudo escuchar que en el "mundo contemporáneo, hay muchos Pilato" que usa el poder en "servicio de los más fuertes" y se criticó "el laicismo que sofoca los valores de la fe moral en nombre de una presunta defensa del hombre".

Más temprano, a las 17 de Roma, en la Basílica de San Pedro se había desarrollado la celebración de la Pasión del Señor y la adoración de la Cruz, actos litúrgicos centrales del Viernes Santo.

La homilía no estuvo a cargo de Francisco sino que fue delegada al Predicador de la Casa Pontificia, el franciscano Raniero Cantalamessa -como es habitual en muchas ceremonias vaticanas-, quien remarcó la necesidad de recuperar el impulso evangelizador de la Iglesia y tuvo un enérgico llamado a desterrar "las burocracias, los residuos ceremoniales y controversias del pasado".

En su predicación, Cantalamessa utilizó un texto del escritor checo Franz Kafka para ilustrar los impedimentos que surgen en el seno de la iglesia a la hora de evangelizar.

"Tenemos que hacer todo lo posible para que la Iglesia nunca se parezca a aquel castillo complicado y sombrío descripto por Kafka, y el mensaje pueda salir de él tan libre y feliz como cuando comenzó su carrera", aseveró.

"Sabemos cuáles son los impedimentos que puedan retener al mensajero: los muros divisorios, como aquellas que separan a las distintas iglesias cristianas entre sí, la excesiva burocracia, los residuos ceremoniales y controversias del pasado, aunque se han convertido ya en escombros", destacó.

También comparó a la iglesia con "alguno de esos viejos edificios", que "a través de los siglos, para adaptarse a las necesidades del momento, se les llena de divisiones", pero llega un momento en que "son un obstáculo", y por eso dijo que "se debe tener el coraje de derribarlos" y volver a la "sencillez de sus orígenes".

La celebración había comenzado con el ingreso de Francisco que, en silencio y vestido con una casulla de color rojo, realizó el gesto de la postración frente al altar central de la basílica.

Por la solemnidad de la ocasión, las oraciones, la lectura de la pasión y el salmo fueron proclamadas en latín, mientras que la primera lectura fue en italiano y la segunda se hizo en español.

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